Perspectivas sobre Fátima

¿No acabará nunca?
El Papa destruye la soberanía de
la orden militar soberana de Malta

por Christopher A. Ferrara
el 26 de enero de 2017

La orden militar soberana de Malta (conocida también como los Caballeros de Malta), fundada en 1099 bajo el nombre: Caballeros Hospitalarios, es una soberanía política, que tiene sus propios pasaportes y relaciones diplomáticas con muchos países, incluso con el estado de la ciudad del Vaticano mismo. Posee hasta el estatus de observador en las Naciones Unidas. La rica historia de la Orden incluye su papel esencial en la victoria contra el Islán en la Batalla de Lepanto (1571) y en consecuencia le fue concedida por primera vez el estatus territorial por el Papa Clemente VII (en ese entonces toda la isla de Malta aunque actualmente está limitada a su sede, prioratos y otras posesiones, incluso parte de la Fortaleza San Ángelo de Malta).

Como se describe abajo, el Papa Francisco acaba de destruir la soberanía política de la orden con un evidente abuso de autoridad pontificia. A la acción siguió una decisión hecha pública internacionalmente, por el Gran Maestro de la Orden, Matthew Festing, de retirar a Albrecht von Boeselager de su posición como Gran Canciller debido a la involucración de von Boeselager en la difusión de la Orden de anticonceptivos por medio de su brazo caritativo, Malteser International. La difusión ha ocurrido durante años hasta que la jerarquía de la Orden descubrió el escándalo.

¿Qué ha hecho exactamente Francisco que en este caso constituye un abuso de autoridad?

Primero, exigió personalmente la destitución de Festing a causa de un asunto acerca del gobierno interno de la Orden, o sea, la remoción de Boeslager. Festing ha aceptado la exigencia. En efecto, Francisco ha obligado que un jefe de estado sea destituido– y lo ha hecho en ausencia, a lo largo de los siglos, de cualquier anterior revocación pontificia del privilegio de soberanía estatal papalmente concedido.

Tal vez la acción pueda interpretarse, si se quiere minimizar, como la obediencia voluntaria de un súbdito papal a un mandato papal, no importando cuan injusto fuese esto. En efecto, el Papa debería haber pedido a Boeselager su renuncia cuando él rehusó la orden de Festing a hacerlo (lo que obligó a Festing iniciar procedimientos internos para la remoción de Boeslager).

Pero la segunda acción que Francisco ha tomado no puede ser defendida de manera alguna como un ejercicio legítimo de la autoridad pontificia. Ha decretado que la Orden sea dirigida ahora por un Delegado Apostólico. Esto se iguala, literalmente, a un golpe de estado pontificio. Obviamente desatento a las implicaciones, Francisco ha derrumbado el gobierno de un estado soberano, y como resultado, está amenazando la propia soberanía futura del Vaticano.

¿Parece una exageración? Dejemos explicar a Ed Condon, que escribe en el periódico del corriente principal normalmente muy serio, el Catholic Herald – en un artículo debidamente titulado “El Vaticano ha destruido la soberanía de la Orden de Malta. ¿Qué pasaría si Italia hiciese lo mismo al Vaticano?” Condon escribe: “La característica más asombrosa de la historia es el aviso de hoy de que el Papa instalará un Delegado Apostólico para dirigir la Orden. En efecto, esto es abolir la Orden como una entidad soberana. Bajo la ley internacional, lo que estamos atestiguando es, en efecto, la anexión de un país por otro”.

Condon observa que evidentemente Francisco no había pensado con cuidado las consecuencias de la acción, sin embargo, los enemigos de la Iglesia sí, con certeza, pensarán en ellas:

“El aviso de hoy de un Delegado Apostólico siendo nombrado por el Papa representa, esencialmente, la abrogación total de la soberanía de la Orden. Pero las consecuencias para la Santa Sede misma pueden ser, a largo plazo, igualmente o hasta más severas. Este descuido para la relación mutuamente soberana entre la Santa Sede y la Orden establece una precedencia en la ley internacional, que ahora estará al acecho como una bomba sin detonar tras las relaciones del Secretariado de Estado con otros gobiernos.

Si la Santa Sede puede tan descaradamente inserirse en el gobierno interno de otra entidad soberana cuya legitimidad se originó por un acuerdo mutuo bajo la ley internacional, ahora no tendrá defensa legal si otro cuerpo soberano, por ejemplo, el gobierno de la República italiana, eligiese ver la independencia de la Santa Sede como una formalidad anacrónica semejante.

“El Cardenal Parolin [el Secretario de Estado del Vaticano] debe prepararse a ver citadas las acciones de hoy como el precedente legítimo cuando el IOR, comúnmente conocido como el Banco del Vaticano, vea su independencia soberana bajo la presión renovada por parte de otros países o cuerpos internacionales.

“El Papa Benedicto XVI dijo que ‘una sociedad sin leyes es una sociedad sin derechos’; el descuido descarado hacia la ley, atestiguado en semanas recientes, ha sembrado una cosecha amarga para el cuerpo diplomático de la Santa Sede y en el futuro, tendrá que recogerla”.

Entonces ¿qué está sucediendo aquí? Es triste decirlo, pero es apenas otro indicio de que la interminablemente alabada “reforma de la Curia Romana” Bergogliana sólo ha sustituido una red de camarillas curiales por otra – las camarillas que rodean a Francisco e influencian sus decisiones. Y como muy frecuentemente ocurre en los casos con intrigas de este tipo, hay que “seguir la pista del dinero”.

Como LifeSiteNews informa, el rastro de dinero conduce directamente a la rama alemana de la orden – Boeselager que es un aristócrata alemán – y a la intervención del Cardenal alemán Reinhard Marx. El Papa había nombrado una comisión para “investigar” la remoción de Boeselager – algo que Condon llama “totalmente ilegítima” a causa del estatus de la Orden de ser una entidad soberana. Lo que es curioso, para citar LifeSite, cuatro miembros de la comisión de cinco hombres “son miembros de la Orden y están en alianza con Boeselager” y “bajo su nómina de sueldos”. Y tres de los cinco – Arzobispo Silvano Tomasi, Marc Odendall y Marwan Sehnaoui – se involucraron con Boeslanger en la gestión de un legado dado a la Orden de unos US$118 millones.

En breve, la comisión “neutral” ha sido apenas el decorado de un escaparate para la predeterminada caída de la Orden a petición de los amigos de Boeselager en el Vaticano, incluso el Cardenal Marx. LifeSite afirma la triste conclusión:

“La acción más reciente del Papa que los indicios arriba mencionados demuestran, tiene su origen en una petición hecha por el Cardenal Marx, ha dejado al Papa en una mala luz. Juzgando por apariencias exteriores, parece que el Papa Francisco se preocupó poco sobre el escándalo contra-vida que persistía durante años en la Orden. Más bien, el Papa atendió a los deseos del aristócrata adinerado y poderoso que había sido señalado como responsable del escándalo”.

Luego, por supuesto, los medios de comunicación sociales están pintando este desastre como una victoria contra los “tradicionalistas rígidos” de la Orden. Como el Irish Times se jactó en su titular sobre el asunto: “El Papa Francisco da un golpe a favor de los ‘liberales’ en la Iglesia en la controversia sobre preservativos…” El artículo de acompañamiento presumidamente observa que “es improbable que Francisco sienta gran simpatía para con una organización en que algunos de sus miembros mezclan grandes privilegios ‘europeo’ histórico y diplomáticos con ambos altas finanzas y teología tradicionalista de línea dura…” – es decir, el catolicismo ortodoxo.

El escritor señaló además que “Cardenal Burke, el patrón de la orden, ha sido un crítico de muchas de las reformas potenciales de la enseñanza católica sobre la familia, el matrimonio y el divorcio discutidas en los dos Sínodos sobre la familia de 2015 y 2016. Ha sido uno de cuatro Cardenales que firmaron una carta abierta a Francisco el otoño pasado cuestionando la nueva orientación que deja a los sacerdotes decidir en base de caso-por-caso si fieles divorciados y re-casados deberían permitírseles comulgar”. En efecto, como el Cardenal Burke apoyó la remoción de Boeslager, la inmediata toma de posesión de la propia Orden a la que el Papa había hecho a Burke patrón espiritual – ¿no hay nada más urgente en la agenda del Papa? – puede ser vista apenas como una resonante reprensión al Cardenal por parte del Papa.

Una antigua orden caballeresca – con el estatus de una soberanía política y que por eso conduce sus propios asuntos internos – disciplina debidamente a un súbdito involucrado en una violación continua y flagrante contra la enseñanza infalible eclesial sobre el mal intrínseco de la anticoncepción. Pero el Papa, haciendo caso omiso al escándalo, procede inmediatamente a destruir la soberanía de la orden que proviene del papel de la Orden en la derrota de Islán en Lepanto, apenas porque el súbdito rebelde posee amigos poderosos en el Vaticano. El defensor de la enseñanza eclesial es castigado y su organización socavada, mientras el hombre que violó la enseñanza eclesial es premiado por mandato pontificio con una reivindicación total.

Un espíritu de desorden en aumento sube en la mancomunidad de la Iglesia mientras las profecías de Fátima se aproximan a su consumación dramática.