Perspectivas sobre Fátima

Los medios de la corriente principal despiertan
Phil Lawler habla sobre “la purga ideológica en el Vaticano”

por Christopher A. Ferrara
el 27 de enero de 2017

A partir de esta perspectiva de Fátima, la creciente crisis del pontificado actual no trae sorpresa sino reconocimiento. ¿No hemos dado a conocer hace mucho que, como el Cardenal Ciappi ha revelado, el Tercer Secreto de Fátima trata de a una apostasía en la Iglesia que “comenzará de su vértice”?

Por mucho tiempo, sin embargo, el reconocimiento de la realidad de nuestra situación ha sido, en mayor parte, reducido a círculos injustamente criticados como que son  “Fatimistas” o “tradicionalistas”. Bajo Francisco, ha sucedido, sin embargo, un cambio radical por el bien, porque cada vez más miembros de la prensa católica de la “corriente principal” están dándose cuenta de lo que es indiscutible: el pontificado actual representa un peligro claro y presente para la Iglesia.

Tal vez las nuevas voces no han dado cuenta aún que Francisco apenas representa el punto final de una trayectoria hacia abajo que empezó en 1960, el año en que el Tercer Secreto debería haber sido revelado, porque, como Sor Lucía dijo, “será más claro entonces”. Pero es imperativo que estas nuevas voces de la “corriente principal” sean oídas porque su despertar incitará a abrir los ojos de vastos números de católicos que de otra manera hubiesen permanecido dormidos quizás.

Considerad, por ejemplo, la columna recientemente publicada de Phil Lawler sobre la “Purga ideológica en el Vaticano”, que aparece en la página web de catholicculture.org. Ha sido un tema que ya discutí repetidas veces en estas páginas, como se puede leer aquí, aquí y aquí, pero la contribución de Lawler es digna de elogio y de atención.

Escribiendo sobre las secuelas de la intervención de Francisco, con fuerza brutal, en los asuntos de los Caballeros de Malta, efectivamente destruyendo su estatus de hace siglos de una entidad soberana política, Lawler debidamente advierte que “la intervención papal sin precedentes en los asuntos internos de aquel cuerpo venerable encaja en una pauta que debería preocupar, en este punto en el tiempo, a todos los fieles católicos”.

La pauta a que Lawler se refiere no es una purga de teólogos rebeldes que socavan las doctrinas de la Fe, de lo que se quejaron clamorosamente los Modernistas durante los reinados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, aunque la purga realmente nunca sucedió. Antes, la purga ahora, en plena marcha, es algo completamente al revés: “Ahora una increpación en verdad está sucediendo – instigada por el Pontífice que indagó (una pregunta que es ahora famosa), ¿‘Quién soy yo para juzgar’? Y los blancos de la represión actual no son teólogos que ponen en duda doctrinas establecidas, sino católicos que sustentan las enseñanzas tradicionales de la Iglesia”.

Considerad las implicaciones de esta evaluación, que provienen de un comentador que difícilmente podría rechazarse como un “Fatimista” o un “tradicionalista radical”. Lawler reconoce ahora que el Pontífice Romano actual está dirigiendo en verdad una purga de los ortodoxos. Lawler explica que comenzó con “el Cardenal Raymond Burke, que había sido exiliado de la Curia Romana poco tiempo después de que el Papa Francisco tomase el cargo, y al Cardenal le fue concedido un cargo más o menos ceremonial como patrón de los Caballeros de Malta. Es irónico – y tal vez no sea una coincidencia – que el incidente más reciente involucra el nuevo cargo del Cardenal”.

Además de la destitución forzada del jefe de los Caballeros: Matthew Festing, Lawler menciona en estas páginas las etapas siguientes de la purga ya discutida:

“i. La sustitución masiva de los prelados en la Congregación para el Culto Divino: otra acción sin precedentes, produciendo un equipo enteramente nuevo que será más amigable a las preferencias del Papa Francisco, y que será menos comprensivo al prefecto tradicionalmente-orientado, Cardenal Robert Sarah.

“ii. La destitución abrupta de tres clérigos del personal de la Congregación para la Doctrina de la Fe: No se ofreció explicación alguna para las destituciones, y según informes publicados, el Papa puntualizó diciendo que él no estaba obligado a dar una explicación. Pero fuentes fidedignas vaticanas explican que los clérigos habían sido acusados de afirmar cosas poco halagadoras sobre el Papa Francisco – no en público, sino en conversaciones particulares con colegas.

“iii. El tratamiento desdeñoso por personas que son percibidas como opuestas al Papa, de los cuatro Cardenales que entregaron dubia sobre Amoris Laetitae. Y además, el propio rechazo estudiado del Pontífice de contestar a las preguntas hechas por prelados que deben ser sus consejeros dignos de confianza.

Lawler está claramente enojado, y justamente es así. Porque su ira justa es la de un fiel católico que ya no puede quedarse callado mientras nuestra querida Iglesia está siendo azotada de esta manera. Su conclusión no podría ser más fuerte:

“Todos estos incidentes han sucedido en un Vaticano donde el ambiente ya fue formado por las críticas ásperas hechas por el Papa dirigidas a la Curia, por la manipulación descarada del Sínodo de los Obispos, por las denuncias diarias del Pontífice dirigidas a los ‘doctores de la ley’ y a clérigos ‘rígidos’. Un retrato claro emerge: es de un Pontífice Romano determinado a imponer su voluntad particular sobre la Iglesia universal”.

Nada de lo que he escrito aquí es más áspero que la verdad de que Lawler enuncia muy valientemente, y que es proveniente de un puesto en la llamada corriente principal – posición desde la cual es mucho más difícil hablar francamente.  

Lawler termina con un punto que debe hacerse eco a todos los católicos dignos de ese nombre. Señalado la admisión franca del archi-liberal Padre Thomas Reese que él hubiese sido ultrajado si Juan Pablo II o Benedicto XVI hubiesen amontonado el Colegio de Cardenales como Francisco lo está haciendo ahora, Lawler comenta: “el ‘ultraje’ habría sido una respuesta razonable en ese entonces, si aquellos Papas anteriores hubiesen constreñido promociones sólo a hombres que compartían con sus opiniones personales [en contraposición a la ortodoxia sana]. Al presente es una respuesta razonable”.

En verdad, sí, es. Y, efectivamente, es la única respuesta razonable para un católico que se preocupa sobre el estado de la Iglesia hoy. ¡Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros!