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Perspectivas Sobre Fátima
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Palabras sabias del Padre Murray

por Christopher A. Ferrara
El 31 de enero de 2017

La crítica de la alarmante trayectoria y sin precedentes del pontificado actual se ha afianzado firmemente entre el conjunto de periodistas que pertenecen a la corriente principal de los medios de comunicación católica. Esto es muy alentador mientras la crisis post-Vaticano II en la Iglesia, ahora se acerca a la crisis arriana (que ha durado unos sesenta años), entra una nueva y crítica fase.

El Padre Gerald E. Murray es uno de los líderes de este desarrollo auspicioso. Su formación y doctorado en la ley canónica le dan una perspectiva que permite una diagnosis precisa de la controversia que ha estallado a causa de Amoris Laetitia (AL), que se sigue expandiendo mientras se tambaleo el elemento humano de la Iglesia. Su artículo reciente sobre el tema proporciona una evaluación objetiva de la magnitud gigantesca del desorden sin precedentes, con que aquel documento se ha entrometido en la mancomunidad eclesial.

“Una de las afirmaciones más perturbadoras y cuestionables de Amoris Laetitia”, escribe el Padre Murray, “se halla en el párrafo 301: ‘La Iglesia posee un cuerpo sólido de reflexión acerca de factores y situaciones mitigantes. Por eso ya no puede decirse simplemente que todos aquellos en situación alguna ‘irregular’ están viviendo en un estado de pecado mortal y están desprovistos de la gracia santificante.’”

Confrontando esta declaración espantosa en un documento papal, el Padre Murray plantea las preguntas obvias:

“Pero ¿cómo puede alguien tener certidumbre sobre la verdad de esta aserción contra-intuitiva cuando se la aplica a un caso particular de una unión adúltera?

¿“No hay mayor probabilidad de que un católico que se ha separado de su esposa y ha entrado en un segundo ‘matrimonio’ por una ceremonia civil o acatólica, y después ha cometido actos de adulterio con alguien que no es en verdad su esposa, sea consciente de que su comportamiento ha sido condenado por Nuestro Señor Mismo: ‘Cualquiera que repudia a su mujer, y se casa con otra, comete adulterio’? (Lc. 16:18)

“Y no sería él, entonces, ¿culpable de haber ofendido a Dios por su comportamiento pecaminoso libremente escogido?

¿“Es posible que nunca oyese esta enseñanza?…

¿“No será que realmente ese católico no ha podido conseguir una celebración católica para su segundo ‘matrimonio’ porque la Iglesia no considera una segunda unión como un matrimonio sino que lo considera una unión adúltera mientras su primera esposa esté viva todavía”? [divisiones de párrafo añadidas] 

Como el Padre Murray ha concluido, existe la disciplina doble-milenaria que prohíbe la admisión a la Sagrada Comunión de personas que conviven en uniones adúlteras no simplemente para evitar el escándalo público. Existe porque también refleja “la suposición evidentemente razonable de que el que libremente comete violaciones objetivamente graves contra la ley de Dios en un asunto del que él es suficientemente conocedor, es culpable de violaciones intencionales contra aquella ley y por eso ha caído en pecado mortal. En este caso, es el reconocimiento de un católico, que se ha casado en una ceremonia eclesial, que nunca se permite cometer adulterio”.

Sin embargo, en AL se nos informa que “ya no puede decirse simplemente que todos aquellos en situación alguna ‘irregular’ están viviendo en un estado de pecado mortal y están desprovistos de la gracia santificante”. ¿Ya no? ¿Desde cuándo? Desde la publicación de AL, y nunca antes, en cualquier momento, durante los 2.000 años que han pasado desde que Nuestro Señor declaró que quien se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio.

Todos los católicos que se inquietan sobre el estado de la Iglesia de hoy, deben de leer y ponderar las palabras finales del Padre Murray:

“La Iglesia no está en el negocio de proporcionar ‘tarjetas para librarte gratis de la cárcel’ a personas que violan la ley de Dios y después buscan pretextos de tal modo que esa ley no les aplica en sus casos particulares. Hacer eso es tratar la ley de Dios sobre el matrimonio, o sobre cualquier otro asunto, apenas como una sugerencia, sujeta a la ratificación personal antes que ser obligatoria”.

Pero, por increíble que parezca, eso es exactamente lo que hace AL. Por eso nos hallamos en el medio de lo que Sor Lucía advirtió ser “la batalla final entre el Señor y el reino de satanás” que “será sobre el matrimonio y la familia”.

Sin embargo, como Dios se aprovecha infaliblemente del mal para sacar un bien mayor, las voces de los católicos fieles como la del Padre Murray nos recuerdan que nadie, ni un Pontífice Romano rebelde, puede callar la voz del sensus catholicus. Tal como fue durante la crisis Arriana, el sentido común católico de los fieles sustentará la Iglesia hasta su restauración venidera, aun cuando una parte sustancial de su liderazgo ha desertado de sus deberes sagrados.




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