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Perspectivas Sobre Fátima
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En cuanto al Cardenal Müller y Amoris,
Jimmy Akin alza las manos

por Christopher A. Ferrara
el 3 de febrero de 2017

Jimmy Akin, un “Apologista mayor” para Catholic Answers, ha pasado los últimos años escribiendo una columna tras otra sobre las bombas bergoglianas más recientes bajo el título común “Cosas para saber y compartir”. El número de “cosas para saber y compartir” sobre lo que Francisco ha dicho o hecho en cualquier ocasión particular varía según la dificultad de tratar de descontar el escándalo y confusión que resulta.

Pero el artículo más reciente de la serie de lechada de cal de Akin evidencia a un hombre que está completamente perplejo y no sabe en qué dirección debe ir. Akin tiene no menos que doce “cosas para saber y compartir” con respecto al desarrollo que mi columna describió ayer: es decir, la corrección furtiva del Cardenal Müller de Amoris Laetitia (AL), que el Cardenal continua fingiendo que es perfectamente sano y ortodoxo aun cuando denuncia la interpretación que Francisco le ha dado. Sin embargo, al llegar al final de su lista de las doce cosas, Akin se ha atado a sí mismo en un nudo y no ha ofrecido nada sino más confusión.

El artículo de Akin comienza por admitir, a regañadientes, en su subtítulo que “Parece que el Cardenal Müller tiene su propio punto de vista sobre cómo ‘Amoris Laetitia’ debe interpretarse y que eses puntos de vista difieren en la manera en la que al Papa Francisco le gustaría ver que el documento sea interpretado”. Digo ‘a regañadientes’, porque el Cardenal Müller no nos ha dado su “punto de vista” sino más bien la enseñanza auténtica del Magisterio, que, y es triste decirlo, el Cardenal pretende dar a entender que no es contradicha ni socavada por AL.

Akin admite – en el segundo de sus “doce cosas para saber y compartir” – que la interpretación de AL que permitiría a ciertas personas que viven en segundos matrimonios continuar con sus relaciones mientras siguen comulgando “sería contraria a la comprensión católica histórica porque tales parejas no estarían casadas válidamente y por eso las relaciones sexuales entre ellas serían adúlteras”. Sin embargo, al igual que el Cardenal Müller, él hace caso omiso de que ésta es precisamente la interpretación aprobada por Francisco en su carta a los obispos de Buenos Aires.

“Cosas para saber y compartir” nos. 3-11 no arrojan luz sobre la controversia. Muy por el contrario, Akin (en nº 6) profesa pensar la afirmación de Müller “un poco desconcertante” que “es imposible para el pecado mortal coexistir con la gracia santificante. Para superar esta contradicción absurda, Cristo ha instituido para los fieles el Sacramento de la penitencia y reconciliación con Dios y con la Iglesia”.

Akin aquí utiliza subterfugios sobre si cada pecado mortal que lo es objetivamente cumple con las condiciones para la culpabilidad subjetiva (materia grave, pleno conocimiento y consentimiento deliberado), pero Müller está obviamente refiriéndose a la condición objetiva de adulterio y la imposibilidad intrínseca de que uno que continúa participando en relaciones sexuales fuera del matrimonio puede comulgar mientras continúa a sabiendas cometiendo el mismo pecado. Y ¿quién no sabe que la Iglesia, siguiendo la instrucción de Nuestro Señor, enseña que el divorcio y “re-casamiento” siempre constituyen adulterio?

Cerca del final de su artículo, habiendo llegado exactamente a ningún lado con su análisis inútil, Akin (en nº 11) finalmente admite: “Parece, por lo tanto, que el Cardenal Müller está dando sus propias opiniones sobre cómo el documento debe ser interpretado y que estas opiniones difieren en la manera en la que al Papa Francisco le gustaría ver que el documento sea interpretado”. ¡Ciertísimo! Excepto, como se nota arriba, que los “puntos de vista” de Müller son, en realidad, la enseñanza irreformable de la Iglesia.

Y después llegamos a la conclusión realmente absurda de Akin:

“12) Para el papa y el jefe de la CDF desacordar sobre un punto como éste parece muy serio. ¿Qué debemos hacer?

“Rezar por ambos ellos – y por la Iglesia como un todo”.

¿En verdad? ¿Rezar por ambos ellos? Gracias por nada, Sr. Akin. Pero algunos puntos obvios se presentan:

  • ¿Por qué es que debemos “rezar por ambos ellos” si Müller tiene razón en que AL concuerda con su interpretación tradicional sobre el documento? ¿Si es AL apenas un documento tradicional, como Müller pretende, para qué hay para rezar? Debemos, por el contrario, estar agradecidos de que Francisco nos haya dado una presentación totalmente tradicional de la enseñanza eclesial.

  • Por otra parte, si Francisco, el autor de AL, no está de acuerdo con la lectura tradicional por parte de Müller, entonces AL apenas tiene que ser un documento heterodoxo, y en ese caso, ¿por qué rezar por Müller en vez de por el Papa que ha presentado a la Iglesia con engaños una exhortación apostólica heterodoxa?

  • Si el Papa y Müller “no están de acuerdo sobre un punto como éste”, ¿no sería el caso que uno de ellos tiene razón y el otro no?

  • ¿Cómo sabemos cuál de ellos tiene razón y cuál no?

Akin evita todas estas preguntas por argüir que “El Papa Francisco no ha emitido una interpretación auténtica de los puntos disputados en Amoris Laetitia y tampoco ha autorizado la CDF a publicar una”.

Por lo tanto, la conclusión final de Akin es cero: ¡nadie – ni el jefe de la CDF! – puede saber lo que AL realmente significa hasta que Francisco nos diga lo que significa en verdad por medio de una interpretación “auténtica”. Pero ¿qué pasa si Francisco nunca emite una interpretación “autentica” y simplemente deja su interpretación heterodoxa “particular” proliferar a través de la Iglesia, pestañeando, cabeceando y de otra manera insinuando que eso es exactamente lo que él quiere que suceda? O, peor aún, qué pasa si Francisco fuese a emitir su interpretación “auténtica” y correspondiese exactamente con lo que ha escrito a los obispos de Buenos Aires: es decir, que ciertos adúlteros públicos, basado en un “discernimiento” pueden comulgar sin que cesen sus relaciones adúlteras – ¿derrocando así la enseñanza contraria de Benedicto XVI, Juan Pablo II y de toda la Tradición? ¿Cuántas cosas nos querría Sr. Akin “saber y compartir” entonces?  

Como podemos entender del comentario fútil de Akin, el asunto de Amoris Laetitia es tan absurdo como prejudicial para la Iglesia. Tal es el resultado de la pretensión de que un documento evidentemente heterodoxo sea o ortodoxo (Müller) o inescrutable (Akin). Nunca en 2000 años se ha confrontado la Iglesia con un lio tan espantoso emanando de la Santa Sede.




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