Perspectivas sobre Fátima

En Alemania, es la simonía la que manda

por Christopher A. Ferrara
el 9 de febrero de 2017

La jerarquía alemana corrupta, encabezada por tipos como Walter (“Sagrada Comunión para adúlteros públicos) Kasper y el Cardenal Reinhard (“Sagrada Comuniõn para adúlteros públicos”) Marx, jefe de la conferencia alemana de obispos, ha ido funcionando como el Sturmabteilung para el ampliamente aclamado “Papa de las periferias” en su propio esfuerzo de abrir la puerta a…la Sagrada Comunión a los adúlteros públicos.

Sin embargo, la última vez que consulté un mapa del mundo, Alemania no entraba dentro de las “periferias” de donde Francisco ha tomado algunas figuras de la obscuridad para hacerlas obispos o cardenales por el bien de las apariencias o como un gesto simbólico. No, este pontificado no ha sido guiado por el consejo de “periferias” eclesiásticas sino por el motor de la jerarquía alemana, un Mercedes Benz de privilegio y poder eclesiástico cuyo combustible es miles de millones de Euros literalmente extraídos de los restantes católicos alemanes bajo amenaza de excomunión.

Estoy refiriéndome al “impuesto eclesiástico” alemán recogido por el gobierno alemán de impuestos de ingresos y difundido a la Iglesia católica y otros cuerpos religiosos de acuerdo con la asignación del contribuyente en su declaración de impuestos. En la entrevista reveladora de Edward Pentin con el Padre Hans Langendörfer, S.J., el Secretario General de la Conferencia Episcopal de Alemania, hallamos el siguiente intercambio asombroso:

Un problema que se oye frecuentemente con relación a la Iglesia alemana es el impuesto eclesiástico. Algunos lo han comparado a la jizya islámica, el impuesto anual recaudado de los no-musulmanes, porque para ser católico, hay que pagar el impuesto o salir de la Iglesia y arriesgarse a la excomunión. Dicen también que este impuesto está corrompiendo a la Iglesia alemana, también porque está haciendo a la Iglesia tan rica que está debilitando su capacidad de evangelizar.

“Una tercera parte de los católicos paga el impuesto eclesiástico. Los otros dos tercios no participan porque son demasiado jóvenes, o viejos, y por eso no ganan dinero suficiente.

Pero aun así es mucho dinero.

“Es 5 mil millones de euros cada año, y lo consideramos, como Usted bien sabe, como una cuota de socio [!] conectada a nuestro sistema de patrones de impuestos y es obligatorio.

Y el fiel se arriesga a ser excomulgado si no lo paga?

“Sí. Consideramos esto [el impago], como siempre ha sido, como un apartamiento de asistencia eclesiástica…”

Lo que Langendörfer describe es, simplemente, la institucionalización del pecado de simonía en la Iglesia católica en Alemania. Como la Enciclopedia católica explica, la simonía es “una intención deliberada de comprar o vender por un precio temporal tales cosas que son espirituales o anexadas a cosas espirituales. Mientras esta definición habla apenas de compra y venta, cualquier intercambio de cosas espirituales por cosas temporales es indicativo de la simonía”. [citas internas omitidas]

El quo espiritual para el quid de dinero u otro beneficio material pagado a un eclesiástico es “lo que lleva al bienestar eterno del alma, es decir, todas las cosas sobrenaturales: la gracia santificante, los sacramentos, sacramentales, etc.” (Lo que se distingue de eso, dice la Enciclopedia, es la ofrenda voluntaria de estipendios de Misa, que un sacerdote, sin embargo, nunca puede mandar por la celebración de una Misa).

En Alemania, como Langedörfer admite, quienquier que no page el impuesto que él caracteriza como una “cuota de socio” – ¡una cuota de socio para pertenecer al Cuerpo Místico de Cristo! – está propenso a la excomunión, significando que le estará “prohibido…recibir los sacramentos”. (1983 Código de la Ley canónica, can. 1331.)

Ningún pago de impuestos = excomulgación = ningún sacramento. Eso es pura y simplemente la simonía. Y la simonía es un pecado – un pecado muy grave. Tanto que, como también señala la Enciclopedia católica: “para desarraigar el mal de la simonía tan prevalente durante la Edad Media, la Iglesia había decretado los castigos más severos contra sus perpetradores”. A partir del siglo XIX, los castigos eclesiásticos para la simonía se extendieron a la suspensión de facultades sacerdotales a – lo que es irónico en este caso – la excomunión.

Sin embargo, el nuevo código de la Ley Canónica (can. 1381) proporciona apenas que “una persona que a través de la simonía celebra o recibe un sacramento, debe ser castigada con un interdicto o suspensión”. Es decir, no hay ningún castigo automático o castigo de excomunión. Pero de todas formas, ¿quién impondría un castigo sobre los obispos alemanes? ¡Ciertamente no “el Papa de las periferias”!

Hablando sobre esto, Langendörfer también admitió a Pentin que católicos alemanes en “segundos matrimonios” son ahora, gracias a Amoris Laetitia, libres de “preguntarse a sí mismos: ¿‘Debo comulgar o no”? Es decir, están libres de decidir por sí mismos si deben cometer el sacrilegio por comulgar mientras viven en adulterio. Gloria TV nota la ironía amarga: los católicos alemanes que viven en adulterio son libres de participar en el sacrilegio del Santísimo Sacramento, pero no son libres de no pagar un impuesto que supone claramente la simonía a cambio del sacramento que profanan. ¡Dios puede ser escarnecido, pero no los obispos alemanes!

Pero entonces, ¿en qué condición se hallaría la Iglesia en Alemania si todos los católicos divorciados y “re-casados” paran de pagar el impuesto y se salen de la Iglesia porque se avergonzaban de que se les denegase comulgar si continuaban participando en relaciones con alguien con quien no están casados? ¡Esto representaría una pérdida inaceptable de ingresos!

Y por eso, como Rorate Caeli debidamente señala, la Iglesia en Alemania es “la Iglesia de la Simonía”, mientras el “Papa de las periferias”, quien está constantemente condenando la mundanería y clericalismo en abstracto, es de alguna manera sordo, mudo y ciego a tal vez el peor ejemplo de la mundanería y clericalismo en el mundo católico de hoy.

Alguien está riéndose de todo esto. Su nombre es legión.