Perspectivas sobre Fátima

Más sobre la Iglesia de la simonía en Alemania

por Christopher A. Ferrara
el 10 de febrero de 2017

El sistema con el que se alimenta la jerarquía corrupta de Alemania, la más rica del mundo, por medio de la coacción gubernamental al pueblo, merece más comentarios aquí. Porque es un ejemplo de precisamente la mundanería, clericalismo y Fariseísmo que Francisco está constantemente denunciando cuando se trata de los católicos ortodoxos, pero que nunca parece darse cuenta cuando ocurre de verdad.

En la columna de ayer discutí el “impuesto eclesial” alemán y cómo a los católicos alemanes que rehúsan pagarlo se les niegan los sacramentos y son así en efecto excomulgados. He señalado que el Padre Hans Langendörfer, S.J., Secretario General de la Conferencia Episcopal Alemana cuando fue indagado por Edward Pentin” ¿Y corre Usted el riesgo de ser excomulgado si no lo paga?”, contestó: “Sí. Tratamos este [impago], como siempre ha sido, como un apartamiento público de asistencia a la Iglesia…” Señalé también que Langendörfer caracterizó el impuesto como una “cuota de socio” – en esencia un pago mandatorio de dinero a cambio de sacramentos y otros beneficios de afiliación en la Iglesia, que es la definición misma de la simonía.

Es necesario conocer algunos antecedentes más sobre cómo los obispos alemanes corruptos extraen casi $6 billones anuales de los católicos alemanes bajo este sistema extraño:

Los contribuyentes alemanes que se identifican como católicos están sujetos a una sobretasa en sus impuestos del 8 al 9 por ciento de sus ingresos, que es después remitida a la Iglesia católica por el gobierno alemán. La única manera de evitar el impuesto es declarar al gobierno – no a la Iglesia – que Usted ya no se identifica como católico.

Este sistema del impuesto religioso resultó en litigio en el sistema de tribunales alemanes. Como The New York Times informó en 2012, un tribunal de apelación alemán sostuvo que, como una cuestión de libertad religiosa, los católicos eran libres de evitar el impuesto declarando que habían salido de la Iglesia. Sin embargo, el mismo tribunal concluyó (evidentemente in obiter dicta), que la misma libertad religiosa dejaría a un católico que recusa pagar continuar asistiendo Misa y recibir los Sacramentos a pesar de esta declaración al gobierno.

Enfrentada a una potencial pérdida enorme de ingresos de las secuelas de esta decisión, la Conferencia Episcopal Alemana, para citar los Times, inmediatamente “emitió un edicto intransigente y claro como el cristal, ratificado por el Vaticano. Detalló que un miembro que rehúsa pagar los impuestos ya no se le permite comulgar o confesar, ir de padrinos o poseer cargo alguno en la iglesia”. La razón fundamental afirmada por el decreto era que “Quienquiera que declara ante autoridades oficiales que sale de la Iglesia cualquiera que sea la razón, falta a su responsabilidad de salvaguardar la comunidad de la iglesia, y es contraria a su responsabilidad de proporcionar apoyo financiero para permitir que la Iglesia cumpla su trabajo…”

Antes de la emisión de este decreto, sin embargo, los católicos alemanes que participaban en esta trampa de impuestos eran simplemente propensos a ser excomulgados, que tuvo que ser formalmente declarada por la autoridad eclesial, pero no se les estaba prohibiendo recibir los sacramentos por parte de cualquier sentencia de las autoridades eclesiásticas. Esa situación cambia con esta declaración. Como informó la BBC: “Hasta ahora, cualquier católico alemán que dejaba de pagar, se arriesgaba a ser excomulgado eventualmente. Aunque las medidas delineadas en el decreto son semejantes a una excomunión de la Iglesia, los observadores alemanes dicen que la palabra es cuidadosamente evitada en el decreto”.

Mientras la palabra ‘excomunión’ era ‘cuidadosamente evitada’, el efecto es lo mismo que la excomunión: la negación de los sacramentos, incluso hasta un entierro cristiano, si “la persona que salió de la Iglesia no demuestra ninguna señal de arrepentimiento antes de la muerte”. Hay también una prohibición de servir como padrinos o de poseer cualquier cargo en la Iglesia – en breve, una excomunión en todo menos en el nombre. Los medios de comunicación alemanes llaman a esto “excomunión lite”, según Reuters.

Ahora se podría señalar que declarándose no ser católico en un formulario gubernamental constituiría, por lo menos objetivamente, el pecado de la apostasía: es decir, una renuncia total de la fe católica, no muy diferente de renunciar la fe bajo amenaza de martirio. Pero ¿qué pasa si un católico alemán haciendo eso, no comprende subjetivamente las consecuencias de su acción? ¿Qué pasa si él continua manteniendo la fe, pero decide disimular en un formulario de impuestos, tal vez porque no puede costearse pagar del 8 a 9 por cien de sus ingresos a la Iglesia más allá del ya oneroso impuesto alemán de renta? ¿Es él subjetivamente culpable de apostasía? Y ¿qué pasa si el mismo católico sale de Alemania y comienza residir, por ejemplo, en los Estados Unidos? ¿Recupera él mágicamente entonces su afiliación en la Iglesia católica o es que el formulario de impuestos que él presentó todavía le prohíbe su admisión a los sacramentos en EEUU con base a que es un apóstata? Si no, entonces ¿puede decirse realmente que él, subjetivamente hablando, es un apóstata que debe arrepentirse de su apostasía o por lo contrario un evasor de impuestos culpable de mentir al gobierno alemán?  

Preguntas extrañas sobre una situación anormal. No tengo ninguna respuesta para ellas. Pero lo más esencial es esto: la jerarquía alemana corrupta exige una “cuota de socio” en la forma de pagos de impuestos coaccionados que son una proporción substancial de ingresos personales, en la ausencia de la cual, a un fiel se le puede negar el acceso a los sacramentos. Eso es la simonía, llanamente. Martín Lutero, quien explotó la práctica legítima de las indulgencias para justificar su revolución contra la Iglesia, realmente se divertiría mucho con lo que los obispos alemanes están haciendo hoy.

Pero lo que está involucrado aquí es nada sino neo-fariseísmo en la absurda sofistería en la que los obispos alemanes aprovechan de la declaración hecha en un formulario de impuestos realmente para echar a una persona fuera de la Iglesia, mientras abiertos herejes y adúlteros públicos quedan sin ser perturbados en su afiliación eclesial – ¡con tal de que paguen su “cuota de socio”! – y muchos de estos mismos obispos abiertamente promueven ellos mismos la herejía y el sacrilegio.

Sin proporcionar pruebas para la acusación, Francisco una vez condenó la pretendida práctica de anunciar en parroquias “una lista de precios colgando allá en la pared para el bautismo, bendiciones, intenciones de Misa” (que este autor nunca ha visto en ninguna parroquia). Pero ¿qué podemos decir de la práctica de extraer hasta el 9 por cien de los ingresos de un católico a través de la coacción gubernamental como una “cuota de socio” bajo pena de serle negados los sacramentos y aún un entierro cristiano? De Francisco, no ha venido ni una palabra de condena.

Pero entonces, los obispos alemanes que se han enriquecido bajo este ardid están entre los colaboradores más próximos del Papa Bergoglio en el proceso de institucionalizar la recepción de la Sagrada Comunión por católicos divorciados y “re-casados” viviendo en un estado que hasta el Catecismo de Juan Pablo II describe como “adulterio público y permanente”.

Considerad esta situación absurda como apenas uno de los indicios incontables de la crisis eclesial sin paralelo predicha en el Tercer Secreto de Fátima — incluso la “batalla final” sobre “el matrimonio y la familia” sobre la cual Sor Lucía advirtió Cardenal Caffarra.