Perspectivas sobre Fátima

Cardenal Coccopalmerio sobre Amoris Laetitia:

¡Seguid cometiendo ese anterior viejo pecado mortal
si la alternativa es cometer un pecado nuevo!

por Christopher A. Ferrara
el 15 de febrero de 2017

La controversia que ha estallado a causa de Amoris Laetitia (AL) ha alcanzado el nivel de una farsa diabólica. Ayer (el 14 de febrero), el Cardenal Francesco Coccopalmerio, Presidente del Consejo Pontificio para la Interpretación de Textos Legislativos, acuerda comparecer en una conferencia de prensa vaticana para la presentación de su “libro” – en realidad poco más que un folleto precipitadamente escrito – cuanto al “significado verdadero” de AL. El acontecimiento había sido anunciado como una respuesta indirecta “oficial” a las dubia de los cuatro cardenales por otro sustituto más de Francisco, quien mantiene un silencio sepulcral mientras mira la Iglesia descendiendo en cascada gracias a su documento.

A la hora designada, sin embargo, Coccopalmerio no compareció a su propia conferencia de prensa, disculpándose por un “conflicto de agenda”. Philip Lawler, que se ha juntado a las filas de los comentaristas católicos del corriente principal que ahora están hartos del circo bergogliano, con razón se mofa de esta débil excusa para huir de la prensa:

“Si eres un editor, planeando el lanzamiento de un nuevo libro, la primera cosa que haces es asegurarte de que el autor estará disponible para la conferencia de prensa. Si eres el autor, y una fecha es sugerida, la primera cosa que haces es comprobar si hay conflictos potenciales. ¿Debemos realmente creer que ni el autor ni el editor hicieron la primera cosa para asegurar que la conferencia de prensa hubiese sido un éxito? ¿Si este libro (un folleto, realmente) es estimado de tener tanta importancia, porqué es que el cardenal no podía reorganizar su calendario para asistir a la conferencia de prensa, aún si en verdad hubiese un conflicto?”

La respuesta parece bastante clara: Coccopalmerio quería lanzar su bomba a la vez que evitar la zona de explosiones. Y es una bomba, sí, como demuestran estas citas del “libro”:

Las parejas divorciadas de facto y re-casadas, aquellos cohabitantes, no son ciertamente modelos de uniones en conformidad con la doctrina católica, pero la Iglesia no puede hacerles caso omiso. Por eso, los sacramentos de la Reconciliación y de la Comunión deben ser dados hasta a estas llamadas familias heridas y a tales personas que, a pesar de que vivan en situaciones no en línea con los cánones matrimoniales tradicionales, expresan el deseo sincero de acercarse a los sacramentos después de un período apropiado de discernimiento…

“Sí. Por lo tanto, la admisión a los sacramentos para aquellos que, a pesar de que vivan en situaciones irregulares, sinceramente piden admisión a la plenitud de la vida eclesial, es un gesto de apertura y misericordia profunda por parte de Madre Iglesia, que no olvida a cualesquiera de sus hijos, consciente de que la perfección absoluta es un don precioso, pero que no puede ser alcanzado por todos.

“Si el compromiso de vivir como hermanos resulta posible sin dificultad para la relación de la pareja, entonces los dos cohabitantes pueden aceptarlo de buena gana; si, sin embargo, el compromiso da lugar a dificultades, los dos copartícipes parecen no estar obligados por sí mismos, porque encajarían en el escenario del sujeto discutido en [AL] nº 301 con esta clara expresión: ‘[un sujeto] puede hallarse en una situación concreta que no le permite (a él o a ella) actuar de modo diferente y decidir de otra manera sin más pecado…’”

Por eso, según el folleto de Coccopalmerio, que está basado únicamente en el Capítulo VIII de AL, no sólo los divorciados y “re-casados” sino también “parejas de facto” y “aquellos cohabitando” deben ser absueltos en Confesión y darles la Sagrada Comunión a pesar de estar en “situaciones no en línea con los cánones matrimoniales tradicionales” – es decir adulterio y fornicación – si (a) ellos “piden sinceramente” los Sacramentos después de (b) un período de “discernimiento” – sea lo que sea que esto signifique – y (c) ellos están “sinceramente” convencidos de que no pueden cambiar sus situaciones “irregulares”.

La enseñanza de Juan Pablo II en línea con toda la Tradición es simplemente derrocada: las personas que están viviendo en adulterio no necesitan cesar su adulterio viviendo como hermanos (por el bien de cualesquier niños) cuando esto “crease dificultad para la relación de la pareja”. ¿Qué relación? ¡Copartícipes en el adulterio no tienen una relación que necesita evitar “dificultad” sino una relación que necesita cesar!

Por “dificultad”, Coccopalmerio significa – citando AL, 301 – “una situación concreta que no le deja (a él o a ella) actuar en modo diferente y decidir de otra manera sin más pecado…” ¿Y que quiere significar Coccoplamerio por “más pecado”? Como fue informado por la revista Crux en su artículo sobre el folleto: “Según Coccopalmerio, las parejas que pueden [vivir como hermanos], deben hacerlo, pero está también el hecho de que sin la intimidad sexual entre una pareja, crece la tentación de hacerse infiel y encontrar la intimidad en otra parte”.

¡Por eso, increíblemente, Coccopalmerio esencialmente declara que una persona viviendo en adulterio puede continuar cometiendo adulterio con su copartícipe adultero a la vez que reciba la Sagrada Comunión si es el caso de que de otra forma el/ella acabaría por fornicar con otra persona!

La mente católica queda pasmada delante de una tal capitulación absurda y total a la zeitgeist sexual por un cardenal vaticano, que sugiere, tal como otros sustitutos bergoglianos participar en esta farsa diabólica – pero no atreve a afirmar explícitamente – que Francisco se adhiera a un tal disparate herético.

Pero Dios aprovechará de este desastre continuo para obrar un bien mayor. La tentativa desesperada de defender el documento nefasto que Francisco ha propuesto producirá prodigios cada vez más grandes de enseñanza errónea, revelando a los católicos de buena fe que hay algo errado en el Vaticano, y de una magnitud sin precedentes. Reconocerán, como aquellos devotos del Mensaje de Fátima ya saben, que estamos en el medio de una apostasía que “comenzará en su vértice”. Aquella apostasía, aunque espantosa, sólo puede ser la etapa final de la crisis eclesial vaticinada en el Tercer Secreto, y así el comienzo de acontecimientos dramáticos en la Iglesia y el mundo que conducirán, al final, a la Consagración de Rusia y al triunfo del Inmaculado Corazón de María.