Perspectivas sobre Fátima

Más sofistería sobre Amoris Laetitia

por Christopher A. Ferrara
el 21 de marzo de 2017

Este año, el cuarto del caos bergogliano, tal y como Nuestra Señora de Akita vaticinó, vemos “cardenales oponiéndose a cardenales y obispos contra obispos”. Están peleando sobre el significado de capítulo 8, que es sin precedentes, de Amoris Laetitia (AL). Están peleando sobre si o no AL haya abierto la puerta a la Sagrada Comunión a adúlteros públicos, aunque el Papa Bergoglio ha confirmado que en su propia opinión sobre su documento, en efecto, sí, lo hace.

Un patrón curioso se ha desarrollado en esta oposición entre prelados: aquellos que levantan dudas cuanto a AL, incluso los cuatro Cardenales con su cinco aún-no-contestadas dubia, invariablemente citan las perennes enseñanzas y disciplinas eucarísticas de la Iglesia afirmadas por ambos Juan Pablo II y Benedicto XVI. Los defensores firmes de AL, por otra parte, hacen caso omiso a la enseñanza y disciplinas anteriores e invariablemente tienen recurso a la sofistería.

Por ejemplo, Está el teólogo español Salvador Pié-Ninot. En un artículo publicado por religión digital (va a canon212.com), Pié-Ninot, un sacerdote de la Diócesis de Barcelona, afirma que AL es una enseñanza del magisterio ordinario que, aunque no sea infalible, exige “el asentimiento fiel de la voluntad” aun cuando sea reformable (es decir, hasta si podría revisarse). Depende en y cita una instrucción de 1990 hecha por el Cardenal Ratzinger mientras era Jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Pero esa instrucción, Donum Veritatis (DV), fue escrita para enfrentar el problema de teólogos disidentes que expresaban oposición a las enseñanzas ya fijas y constantemente repetidas del magisterio ordinario (tales como la enseñanza sobre la imposibilidad de que la Sagrada Comunión sea concedida a aquellos que viven en adulterio o a la enseñanza contra la anticoncepción) que no habían sido el sujeto de una definición formal e infalible. DV ciertamente no fue escrito para referirse a un documento pontificio que está ampliamente concebido para contrariar lo que ha enseñado y practicado la Iglesia constantemente en línea con esa enseñanza.

¿Que pasa, sin embargo, cuando un Papa propone una especie de novedades teológicas morales y pastorales que vemos en AL? Irónicamente, DV mismo proporciona la respuesta:

“Sucede, sin embargo, que un teólogo, según el caso, elevase preguntas cuanto a la actualidad, la forma, o hasta el contenido de intervenciones magisteriales. Aquí el teólogo, para comenzar, necesitará evaluar con precisión la autoridad de las intervenciones, que se hacen claras por la naturaleza de los documentos, la insistencia con que una enseñanza es repetida, y la manera en que es expresada”.

Notad que un factor clave que merece elevar preguntas sobre una pretendida enseñanza del Magisterio es “la insistencia con que la enseñanza es repetida”. Con AL, no ha habido ninguna repetición histórica de sus novedades hecha por el Magisterio. Tienen origen enteramente en el Papa Bergoglio. En efecto, AL parece contradecir precisamente lo que el Magisterio ha repetido con insistencia (incluso la enseñanza de los dos antecesores inmediatos al Papa Bergoglio) en el rechazo de los desafíos hechos por teólogos disidentes como el Cardenal Kasper, cuyas opiniones claramente gozan del favor del Papa Bergoglio.

En verdad, cualquier documento papal que contradice la enseñanza promulgada por los antecesores inmediatos del Papa, para empezar, no puede ser parte del Magisterio, porque el oficio docente de la Iglesia por definición no puede contradecirse a sí mismo. Por lo tanto, un documento aislado como AL puede apenas ser falso en cualquier sentido en que está involucrado en una contradicción de lo que la Iglesia antes ha repetido con insistencia. En este caso, lo mismo aplica que el Cardenal Ratzinger hubo declarado en la Instrucción de 1994 de la CDF:

“Si el matrimonio anterior es válido de dos fieles divorciados y re-casados bajo circunstancia alguna puede considerarse su nueva unión legal y por lo tanto la recepción de los sacramentos es intrínsecamente imposible. La conciencia del individuo está vinculada sin excepción a esta norma”.

Por lo tanto, Salvador Pié-Ninot sofísticamente ha revuelto DV boca abajo sugiriendo que todo el mundo debe ahora obedecer un documento – AL – que en verdad socava la enseñanza que insistentemente repitieron los antecesores inmediatos del Papa Bergoglio. Casi increíblemente, entonces, Bergoglio se halla en la misma postura censurada que los teólogos disidentes que DV tenía en vista.

A partir de este abuso de material de fuente, Salvador Pié-Ninot procede a un non sequitur igualmente sofisticado:

“Debe notarse, sin embargo, que Amoris Laetitia reconoce una pluralidad al nivel práctico, porque existen ‘maneras y consecuencias diferentes’ y esa ‘unidad de enseñanza y práctica es ciertamente necesaria en la Iglesia, pero esto no imposibilita una variedad de modos de interpretar algunos aspectos de la enseñanza o de llegar, por ella, a ciertas consecuencias. Esto será siempre el caso mientras el Espíritu nos guía hacia la verdad entera (cf. Juan 16:13)…’”

La pretensión es un disparate auto-contradictorio: la unidad de disciplina y práctica en la Iglesia es necesaria, pero puede ser que haya una variedad de maneras de “interpretar” una enseñanza y sus “consecuencias” en lugares distintos – es decir una falta de unidad de disciplina y práctica, que es exactamente lo que estamos presenciando ahora con una “implementación” de AL que varía de un lugar a otro.

Y ¿Cuál es la fuente de la cita interna de la conclusión de Pié-Ninot? Precisamente el párrafo 3 de AL, cuya sugerencia absurda de un efectivo regionalismo doctrinal nunca ha sido ni sugerida por Papa anterior alguno, y mucho menos insistentemente y repetida por el magisterio. Así, sofísticamente, Pié-Ninot cita apenas las novedades de AL en defensa de su pretensión de que las mismas novedades pertenecen al Magisterio auténtico. Según esa lógica, cualquier declaración pontificia, dentro de los cuatro cantos de un documento papal, tendría que ser aceptada como enseñanza católica auténtica apenas por el hecho de su publicación incluso si es contraria a la enseñanza perenne de la Iglesia sobre el mismo tema. El papado sería así una especie de oráculo voluble en vez del garante de la verdad, es decir de la traditio que ha heredado para la transmisión intacta a su sucesor – por lo tanto, de la Tradición.

Que AL puede defenderse sólo por tal sofistería, es razón suficiente de considerarlo con sospecha. Por eso se han hecho las cinco dubia que el Papa Bergoglio claramente no tiene intención de contestar. Por eso existe el caos bergogliano generalizado, creado por un ocupante de la Silla de San Pedro que parece pensar que él mismo crea el magisterio en lugar de conservarlo y de defender la enseñanza perenne. Como el Papa Bergoglio afirmó a la revista América: “estoy constantemente haciendo afirmaciones, dando homilías. Eso es magisterio. Eso es lo que pienso…”

¡Que Nuestra Señora de Fátima nos libre de esta confusión!