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El Cardenal Burke promete hacer una "corrección formal"
si las Dubia permanecen sin respuesta

¿Pero lo promete en verdad?

por Christopher A. Ferrara
el 27 de marzo de 2017

Hemos estado esperando expectantes un tiempo sin fin por la “corrección formal” de Amoris Laetitia (AL) que, se suponía, seguiría a la publicación de las dubia de los cuatro cardenales en cuanto al Capítulo 8 de ese documento desastroso. No hay duda razonable de que el Capítulo 8, en particular, en los párrafos 300-305, se pretende reducir el precepto de la ley divina y natural, que no admite excepciones y que es expresado en el Sexto Mandamiento, a una “regla general” cuya aplicación varía según circunstancias, aun cuando la “regla” permanece.

En efecto, el propósito de las dubia ha sido un desafío público hecho a Francisco de negar cualquier intención de introducir furtivamente por medio de AL hacia el interior de la Iglesia, esta forma de ética situacional. Y la respuesta de Francisco, hasta el presente, es un silencio sepulcral, y por eso puede concluirse razonablemente que él no es capaz de negar la acusación implícita. Más que razonable, la conclusión es ineludible porque esa lectura de su intención es precisamente aquella que sus colaboradores están avanzando con su bendición, como vemos en su carta a los obispos de Argentina.

¿Por lo tanto, qué hay con la “corrección formal”? Hemos esperado más de seis meses desde la fecha en la que fueron entregados a Francisco las dubia y no hay corrección alguna en vista aún. Pero ahora leemos que hace poco el Cardenal Burke comentó (el 25 de marzo) sobre el asunto durante una visita a una parroquia en Virginia. He aquí lo que, según se informa, dijo él en respuesta a una pregunta hecha por el pastor:

Padre De Celles: Si no hay respuesta [a las dubia], ¿Cuál será la respuesta de los cuatro cardenales?

Cardenal Burke: Pues bien, simplemente tendremos que corregir la situación, otra vez, de modo respetuoso y sencillamente decir lo necesario, obteniendo la respuesta a las preguntas de las enseñanzas constantes de la Iglesia y darlo a conocer para el bien de las almas”.

Con todo el debido respeto, esto es absurdo. Seis meses han pasado de confusión y división crecientes, la disciplina universal de la Iglesia está siendo fracturada, y el Cardenal ahora revela que él y los otros tres cardenales ofrecerán – ¡algún día pronto! – una “corrección” que consistiría nada más que contestar sus propias dubia.

Pero el motivo para presentar las dubia a Francisco era pedirle a él que respondiese si él tiene la intención de enseñar lo que, al parecer, AL enseña, que (como las dubia lo ponen en claro) es contrario a toda la enseñanza anterior sobre la ley moral. Si los cardenales solamente proporcionan respuestas ortodoxas a sus propias preguntas, Francisco está fuera del gancho y ellos nos habrán dado más que su propia interpretación de AL, que podría haber sido dada sin necesidad de las dubia.

Mientras tanto, Francisco continuará proponiendo su propia interpretación evidentemente heterodoxa de AL, siendo implementada interminablemente por sus diferentes colaboradores por todo el mundo, y no habrá habido absolutamente ninguna “corrección” de sus errores.

¡Basta con el disparate! A menos que los cuatro cardenales francamente declaren que AL – si es leído según su evidente significado– está en el error en los puntos particulares que se levantan, y después corrijan estos errores como errores, todo este ejercicio habrá sido para nada, porque los fieles no tendrán advertencia alguna de que Francisco haya errado y que está proponiendo un error en la Iglesia. Tendrán apenas la interpretación de AL de los cuatro cardenales en conformidad con la enseñanza ortodoxa – la misma interpretación con la que comenzaron. Pero es precisamente la interpretación de Francisco laque importa y que, en este momento preciso, está provocando fracturas de falla catastróficas en la Iglesia.

Será que nadie en absoluto de la alta jerarquía levantará la voz simplemente y diga lo que claramente los sacerdotes y los laicos de todo el mundo pueden ver: ¿que AL es un documento lleno de errores, contrario a toda la enseñanza anterior, incluso aquella de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, y debe ser, por eso, rechazado y anulado para el bien de la Iglesia y el bienestar de las almas?

Evidentemente, la respuesta es: no. Así es la etapa final de la crisis más grande que la Iglesia jamás ha visto.




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