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El Secreto de Fátima...revelado - I Parte

El Secreto de Fátima...revelado


por el Hermano Michael
de la Santa Trinidad

Primera Parte

Debido a que el Tercer Secreto de Fátima aún no ha sido oficialmente revelado, pareciera obvio a primera vista que no hay nada que podamos saber acerca de su contenido. Sin embargo, esto es sólo en apariencia. Pues es cierto que este vital secreto permaneció absolutamente impenetrable en 1917 cuando la Santísima Virgen se lo reveló a los tres pastorcitos de Aljustrel, o en 1944 cuando fue escrito por la Hermana Lucía, o incluso en 1960, en un momento en que debió ser revelado públicamente al mundo por el Papa Juan XXIII, algo que ya no es el caso hoy en día. Por más de 40 años, una buena parte de su contenido ha llegado a conocerse.

Lo que ya se conoce forma hoy en día una cantidad impresionante de información verídica que el historiador puede rastrear con precisión su historia completa, para exponer su contenido esencial con un alto grado de certidumbre. Este ha sido mi doble propósito al escribir mi tercer volumen de “Toda la Verdad Acerca de Fátima”, el cual está totalmente dedicado al misterio del Tercer Secreto.

Es justamente esta demostración minuciosamente detallada lo que intentaré presentarles, pero al mismo tiempo simplificando y resumiendo una gran parte, pues debo ser breve. Pero les diré lo suficiente acerca del Tercer Secreto para mostrarles lo importante que es este secreto final de Nuestra Señora; cómo es que se ubica en el corazón mismo del Mensaje de Fátima y por qué es urgente que, por el bien de la Iglesia, le sea revelado al mundo de acuerdo con el pedido de la Santísima Virgen.

I. EL DRAMA DEL TERCER SECRETO

Fue en julio y agosto de 1941 cuando, en su tercera memoria, la Hermana Lucía mencionó por primera vez la división del Secreto de Fátima en tres partes distintas. “El Secreto está compuesto por tres temas distintos”, escribe la Hermana Lucía, “Y les voy a dar a conocer dos de ellos”. El primero es la visión del infierno y la designación del Corazón Inmaculado de María como el remedio supremo ofrecido por Dios a la humanidad para la salvación de las almas. “Para poder salvarlas, Dios desea establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón”. El segundo, es la gran profecía concerniente a la paz milagrosa que Dios desea otorgarle al mundo a través de la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María, y la práctica de las Comuniones de Reparación del primer sábado del mes.(1) “Si la gente sigue Mis órdenes, Rusia se convertirá y habrá paz en el mundo”. Existe también el aviso de los terribles castigos que tendrán lugar si la gente insiste en no llevar a cabo Sus peticiones. En lo que respecta a la tercera parte del Secreto, La Hermana Lucía declaró en 1941 que por el momento no le estaba permitido revelarla.

La Escritura y la Transmisión del Secreto

La dramática historia de la escritura y transmision de este mensaje comienza en 1943. Todo conmenzó con una demostración de la providencia. La Hermana Lucía vivía en ese entonces en el convento de las Hermanas Doroteas de Tuy, en España. En junio de 1943 se enfermó súbitamente. Su condición era tan grave que alarmó al Obispo da Silva, el Obispo de Leiria/Fátima. El Obispo temía que la Hermana muriera antes de haber revelado el Tercer Secreto de Nuestra Señora, y sintió que tan excepcional gracia sería una gran pérdida para la Iglesia. El canónigo Galamba, el amigo y asesor del Obispo, le sugirió una idea extremadamente juiciosa, que por lo menos le pidiera a la Hermana Lucía que escribiera sin tardanza el texto del Tercer Secreto y que después lo pusiera en un sobre sellado con cera, para que posteriormente fuera abierto.

El 15 de septiembre de 1943, el Obispo da Silva fue, por tanto, a Tuy para pedirle a la Hermana Lucía que pusiera por escrito el Secreto “si realmente así lo deseaba”. Pero la vidente, sin duda bajo el impulso del Espíritu Santo, no quedó satisfecha con esta orden tan vaga. Le pidió a su obispo una orden por escrito, formal y perfectamente clara- esto es muy importante. El Mensaje final de la Virgen de Fátima está, como previamente lo estuvieron Sus otras peticiones, ligado a promesas maravillosas. Es una gracia excepcional ofrecida por Dios a nuestro siglo XX, para satisfacer sus necesidades más urgentes. Pero, nuevamente, es necesario que los pastores de la Iglesia tengan suficiente fe y docilidad ante los designios del Cielo, para poder ser instrumentos de esta efusión de gracia que Dios desea otorgarle al mundo a través de la dulce mediación de Su Madre Inmaculada. En 1943, Dios quizo que fuera el Obispo de Leiria quien le pidiera a esta mensajera que escribiera el Tercer Secreto.

Finalmente, a mediados de octubre de 1943, el Obispo da Silva llegó a una decisión. Le escribió a la Hermana Lucía, dándole la orden expresa que ella le habia implorado. Sin embargo, nuevas dificultades habrían de surgir. En aquel entonces y durante casi tres meses, la Hermana Lucía había padecido de una misteriosa y terrible angustia. Ella misma cuenta que cada vez que se sentaba y tomaba la pluma para poner el Secreto por escrito, algo le impedía llevar a cabo la labor. Uno debe ver en esto, sin duda alguna, el ultimo arranque de satanás en contra de la mensajera de La Inmaculada.

Me imagino la terrible arma que esta gran profecía podría establecer en contra del dominio de satanás sobre las almas y de su plan de llegar al corazón mismo de la Iglesia. La aflicción sufrida por la vidente fue una indicación de la magnitud del grandioso evento que estaba por llevarse a cabo, en caso de que el Secreto fuera escrito.

El día de Nochebuena la Hermana Lucía le confesó a su director que aún seguía sin poder obedecer la orden que se le había dado.

Finalmente, el 2 de enero de 1944, (ésto es poco conocido) la Santísima Virgen María misma se le apareció nuevamente a Lucía. Le confirmó que ciertamente ése era el Deseo de Dios, y le dió la luz y la fuerza para escribir lo que se le había ordenado.

El extremo cuidado que la Hermana Lucía tuvo para transmitir el Secreto con completa seguridad a su receptor, el Obispo da Silva, es una nueva prueba de la importancia excepcional que ella le atribuye a este documento.

La Hermana Lucía no quizo confiar el Secreto a nadie, sólo al Obispo. Fue el Obispo Ferreira, Arzobispo de Gurza, quien recibió de manos de la Hermana Lucía el sobre sellado con cera que contenía tan preciado documento. El mismo día se lo entregó al Obispo da Silva.

En lo que concierne a la transmision del Secreto a la Jerarquía, es necesario subrayar cuatro hechos de suma importancia:

Hecho #1. El receptor inmediato del Secreto fue el Obispo da Silva, quien pudo haberlo leído en el momento. Esto se lo había dicho La Hermana Lucía, por mandato de la Santísima Virgen. Pero atemorizado por la responsabilidad que hubiera tenido que asumir, él no se atrevió, no quiso tener conocimiento de su contenido. Intentó entonces confiárselo a la Santa Sede, pero Roma rehusó recibir el documento. Se acordó entonces que en caso de que muriera el Obispo da Silva, el sobre le sería confiado al Cardenal Cerejeira, Patriarca de Lisboa. ¡Es, por tanto, falso decir, como tan frecuentemente ha sido repetido desde 1960, que el Tercer Secreto está destinado explícita y exclusivamente al Santo Padre!

Hecho #2. Es cierto, sin embargo -doy varias pruebas de esto en mi libro-, que la Hermana Lucía quería que el Papa Pío XII conociera el Secreto lo más pronto posible. Desgraciadamente, esto no sucedió.

Hecho #3. Cuando supo que el Obispo de Silva insistía en no querer abrir el sobre, la Hermana Lucía "le hizo prometer," según el Canónigo Galamba, "que el Tercer Secreto sería abierto y leído al mundo ya fuese después de su muerte o en 1960, lo que ocurriera primero”. Una serie de testimonios que nos dan cuenta de las repetidas declaraciones de la Hermana Lucía, permiten establecer este hecho con absoluta certeza.

Hecho #4. Finalmente, la promesa de divulgar el Secreto inmediatamente después de la muerte de la Hermana Lucía o “a más tardar en 1960”, ciertamente corresponde a una petición de la Misma Virgen María. A propósito, cuando en 1946 el canónigo Barthas le preguntó a la vidente por qué era necesario esperar hasta 1960, ella le respondió en presencia del Obispo da Silva, “Porque así lo desea la Santísima Virgen”.

En pocas palabras, lo he establecido en mi libro solidamente y tenemos todas las pruebas que Dios deseó, en espera de que los Pastores de la Iglesia crean en el Secreto final de Nuestra Señora y lo hagan público a los fieles. Esto tenía que hacerse no antes de 1944 ni después de 1960 porque, como después lo explicaría la Hermana Lucía, “Sería más claro en ese momento”.(2)


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¡El Tercer Secreto Revelado!



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